tag:blogger.com,1999:blog-208186892008-07-23T23:51:04.390+01:00cosmopolita cáusticoAVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comBlogger111125tag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-91984255362592610162008-07-22T13:21:00.005+01:002008-07-22T13:29:56.152+01:00Paseo<a href="http://farm2.static.flickr.com/1303/1192127991_5611a1e316_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Michael Goesele" src="http://farm2.static.flickr.com/1303/1192127991_5611a1e316_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Todas las mañanas, en diferentes horarios pero con sorprendente puntualidad a pesar de todo, pasa por delante de la puerta de la empresa en la que trabajo un grupo de chicos y chicas, señores y señoras y cuidadoras (lo siento, no pasan cuidadores, perdonéseme el talante). Todas las mañanas, con puntualidad británica, oigo sus pasos desde mi mesa y todas las mañanas bajo a fumarme un cigarrillo procurando coincidir con el paseo.<br /><br />Saludo y me saludan , todas las mañanas, los chicos y las chicas, los señores y las señoras, todos sin excepción. No así las cuidadoras, que continúan andando sin ni siquiera girar la cabeza. Hay mañanas en las que mi humor - normalmente es serio, casi adusto – no está para demasiadas alegrías, ni siquiera para cortesías, pero aún así me esfuerzo en saludar y en sonreír pues ellos y ellas siempre sonríen, cada mañana, sea cual sea su humor, haga calor o haga frío, llueva o truene. Si hay paseo, hay sonrisas, siempre.<br /><br />Todas las mañanas, o casi todas, hay más gente en la calle además de mí y de los paseantes y todas las mañanas o casi todas alguien dedica una parte de su infinito desprecio a hacer lo propio con nuestros saludos y sonrisas. A veces, algunas mañanas por lo tanto, he estado tentado de contestar dicha burla pero siempre he terminado dejándolo estar, toda vez que ni la cantidad ni el tamaño de las sonrisas de los caminantes menguaban o disminuían.<br /><br />Sé o creo saber la razón de la reacción de una gran parte de esa otra gente y casi me atrevería a decir que sé lo que piensan cuando los ven: piensan que son un grupo de imbéciles, retrasados, subnormales, mongólicos, monguis, tupis o cualquier otro epíteto que supongo variará de una mente a otra pero que en el fondo significará lo mismo. Yo creo que piensan eso porque se dan cuenta de que son felices y ellos con toda su (en su criterio) enorme inteligencia se saben incapaces de algo tan sencillo, tan simple, tan imbécil, tan retrasado, tan subnormal, tan mongólico, tan mongui, tan tupi, como ser capaces de sonreír cada día, cada mañana, sea cual sea su humor, haga calor o haga frío, llueva o truene. Tan imbécil y tan maravilloso. Tan envidiable.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-9347124466293929472008-06-30T21:48:00.002+01:002008-06-30T23:18:17.216+01:00Seguridad<a href="http://farm3.static.flickr.com/2074/2209622058_00811857bb_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 520px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Ioana Petcu" src="http://farm3.static.flickr.com/2074/2209622058_00811857bb_o.jpg" border="0" /></a><br /><div></div><span style="color:#990000;">- Tengo que decirte algo.<br />- El qué.<br />- Te mueres.<br />- Ya lo sé.<br />- ¿Lo sabes? ¿Cómo que lo sabes? Hace cuánto…<br />- Hace mucho tiempo. Hace años que lo sé. Casi desde que tengo uso de razón. Sé que desde que nací estoy muriendo, poco a poco o más rápidamente, imperceptiblemente o de una forma evidente, poco importa. Cada día que pasa es un día menos mucho más que otro día más. <br />- Ya. Pero es que ahora es inminente.<br />- ¿Y qué importa eso? ¿En qué cambia las cosas?<br /><br />Apagué la tele y me fui a la cama. Tenía en el paladar un regusto amargo, una sensación de tener que haberle dicho algo a algunas personas, quizá para prepararlas, quizá solo para prevenirlas, tal vez únicamente para definir el terreno en el que moverse, el día a día, la noche a noche. Tenía la seguridad de haber estado ocultando (ocultándome) lo más importante durante demasiado tiempo.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-69072747210270632232008-05-07T11:17:00.000Z2008-05-07T11:18:55.826ZOlvido<a href="http://farm3.static.flickr.com/2350/2315755593_96d30bcf6b_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Barbara Cole" src="http://farm3.static.flickr.com/2350/2315755593_96d30bcf6b_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Me da miedo perder la memoria. No tanto la memoria de lo sucedido como de las cosas que a la postre son verdaderamente significativas. Olvidar los sucesos de la infancia, las risas, los juegos, incluso aquellos amigos que creías que serían para siempre no tiene mucha importancia: ni los amigos fueron eternos, ni los juegos ni las risas eran realmente esenciales e insustituibles. Olvidar primeros sexos, amores juveniles, frustraciones y demás, tampoco me preocupa. Me quita el sueño olvidar el lenguaje.<br /><br />Postrada en esta cama de hierro, en la habitación que me han asignado, no tengo más compañía que yo misma. Pronto comprendí que si algún día conseguía salir de aquí, éste estaba más lejos que cerca, así que decidí esforzarme en lo más importante, en lo que estaba segura de querer mantener cuando llegara el ansiado día. Comencé a eliminar lo que me parecía superfluo, pero según fueron transcurriendo los meses y los años se fue modificando mi criterio inicial de lo que era necesario o no, fue variando mi percepción de lo esencial. Tras dejar atrás lo sobrante, todo lo que creo que no echaré en falta después o al menos lo que no me parece prioritario, es en no perder el lenguaje donde concentro ahora toda mi atención.<br /><br />Tres por tres por dos. O sea nueve metros cuadrados o dieciocho cúbicos. Paredes gris cemento y un ventanuco diminuto cerca del techo que me permite saber poco más que si es de día o de noche. Una cama de hierro, de colchón duro y almohada ausente. Sábanas que cambian cada semana y fluorescentes en el techo como único adorno. Una especie de gatera en la parte más baja de la puerta sellada por la que se produce mi único intercambio con el exterior: bandejas de comida y bacinilla limpia entran tres veces al día y salen utilizadas otras tantas. No hay más contacto, no hay más canjes, no hay ni una palabra, ni una mirada, ni nada que me haga suponer que hay personas detrás del hormigón.<br /><br />Voy olvidando palabras, vocablos, expresiones. Voy olvidando formas de expresión, cada día más inútiles. No tiene el menor sentido mantener la mente ocupada en conceptos que no se usan, para qué recordar cómo se dice tal o cual color si ya no hay colores, para que emplear tiempo y neuronas en adverbios, en formas verbales, en sintaxis, si no hay oportunidad de comunicarse con nadie, con nada. La mente solo dedicada a la supervivencia diaria, animal, primitiva y primigenia. No hay lugar para filosofías ni para nada que no sea conseguir despertar cuando el sueño te ha vencido.<br /><br />Al principio, cuando aún tenía esperanza de ver el final del encierro, de volver a sentir el calor del sol en la piel, de empaparme bajo la lluvia, de esponjarme los labios con nuevos y viejos besos, de simple y llanamente intercambiar palabras, frases, pensamientos, me esforzaba en hallar una forma de escapar. Hoy sé que no es posible, aquí estoy y aquí terminaré, pronto si encuentro la manera, tarde –demasiado tarde- si no me queda más remedio.<br /><br />Voy olvidando descripciones, recuerdos, no tanto lo que son sino cómo transmitirlos. Siento lo que siento, lo que he sentido siempre, por desgracia no he sabido hacerme bastante inmune, pero hoy ya no sabría decirlo de forma exacta, ni siquiera vagamente comprensible. Es más un anquilosamiento, un entumecimiento, que un olvido real, pero poco más da, no habrá a quien relatarlo, no habrá dónde, no habrá cuándo. No habrá nada que contar en realidad, tiempo plano, raso, sin altibajos, animal, primitivo y primigenio, como dije antes. Se me hace eterno.<br /><br />Espero no perder lo esencial, espero poder morir recordando al menos la manera de describir lo que sienta, aún someramente, pero si me visto de sinceridad conmigo misma pierdo las certezas. No creo en más allás, no creo en nada que pueda venir después, pacté hace tiempo con mi dios que cuando acabe se acabe sin porvenires. No por desesperanza, no por miedo al dolor: no temo la muerte, la deseo, la quiero ya, la necesito. Prefiero pensar que después no habrá después, no se prolongará mi agonía, no habrá más vida. Prefiero pensarlo aunque no esté segura, de nada estoy ya convencida.<br /><br />Espero no olvidarme de nada aunque es mucho lo olvidado ya, lo descartado. Todavía tengo en la piel y en el alma tu tacto, todavía veo con los ojos cerrados tu cara durmiente, todavía si me esfuerzo vuelvo y soy capaz de repetir mentalmente lo que me queda de ti. Aunque se difumina, se mezcla, se convierte en una almazuela de sensaciones que ya no sé si fueron o son solo por mi evocación, cada vez más vaga. Igual que sucede con los recuerdos infantiles que son siempre un collage de recuerdo real con reminiscencias de haberlo oído contar y la fantasía propia de la memoria lejana que acumula irrealidad en sí misma, así es lo que me viene a la mente de ti y no me importa en realidad, no voy nunca a confirmarlo, de modo que me queda la sonrisa por el pasado y poco importa lo cierto que sea.<br /><br />Pero mis días no se acaban solo por desear que así sea y ya estoy harta. A veces pienso que la solución, a falta de algo más rápido, es rechazar todo alimento, dejar de beber (se muere mucho antes de sed que de hambre, aunque ambas formas sean horriblemente dolorosas). Tiene que haber otra manera. Me siento en la cama y me devano los sesos. Otra vez. De repente doy con la solución, la final, la que me arrancará de aquí, de esto, para siempre. Con tu recuerdo que ya es mi único refugio en cada poro. Levanto la cama despacio, pesa lo suficiente o al menos confío en eso. Me tumbo en el suelo, boca arriba, junto a las patas traseras del catre. Poco a poco, centímetro a centímetro voy alzando la cama mientras me arrastro hasta situar la cabeza justo bajo la pata derecha. Pienso en tu mirada, en tus palabras, en tu cariño. Espero que estés bien y que hayas dejado ya de buscarme, que hayas rehecho y te hayas rehecho. Tengo la frente bajo el soporte de la cama. Estiro los brazos cuanto puedo, tengo que elevar la cama lo máximo posible. No habrá segundas oportunidades. Empujo hacia arriba con fuerza y la dejo caer. Oigo un ruido extraño, como cuando pisas una fruta caída de un árbol. La sangre se desliza por el suelo alimentando un charco cada vez más grande, como jugo de fruta. Con el zumo van fluyendo palabras, colores, nombres de olores, que abandonan mi cuerpo lentamente, se mezclan y dispersan. Después más palabras, más verbos, más conceptos. Frases enteras, recuerdos –siempre los recuerdos-, vivencias. Lo último que me abandona es tu nombre, ese que tantas veces susurré de madrugada. Tu nombre como resumen imperfecto de ti, de tu cara, de tu cuerpo, de tu alma… Al final también escapa y se lleva todo hálito de vida, lo poco o lo mucho que quedara.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-72374765274399623122008-05-05T10:58:00.004Z2008-05-05T11:03:05.094ZSaulo<a href="http://farm3.static.flickr.com/2279/2466790465_9d4b68662e_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 420px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Avatar" src="http://farm3.static.flickr.com/2279/2466790465_9d4b68662e_o.jpg" border="0" /></a><br /><div><span style="color:#990000;">Lo miro y se me olvida respirar. Miro y veo fragilidad, se desbordan sentimientos, rebosan sensaciones. Se me va el santo al cielo, pasan segundos como días, minutos como meses. Me voy a algún sitio lejano, mentalmente, y me cuesta volver, ocupado como estoy sólo en notar su calor, en notar su respiración, cada aliento. Cuento dedos, uñas, manos, pies. Cuento ojos, orejas, cuento todo. Cuento y respiro, al fin respiro.<br /><br />Lo miro y se me olvida respirar. Miro y veo dulzura, veo suavidad, la piel es increíblemente suave, veo fortaleza no obstante, veo fuerza, veo determinación. Pienso en cada momento anticipado y se me borra todo al cogerlo en brazos, desearía hacer tábula rasa de todo lo anterior, empezar de cero para sentirlo todo. Borrar el tiempo, recrearme, poder recuperar a voluntad todo esto, ser capaz de revivirlo cuando quisiera. Parar el reloj, que no pase ni un minuto más sin recordarlo todo, sin desearlo de nuevo. El mundo se ralentiza, se detiene, cesa en su girar. Espacio y tiempo, tiempo y espacio son lo mismo en cada célula, en cada pensamiento, en cada movimiento.<br /><br />Lo miro y no me apetece respirar. Temo perderme algo, tengo miedo de que si dedico algún tiempo, por escaso –casi nulo, inmedible- que este sea, me pierda algo irrecuperable, algo que no se volverá a repetir, un diminuto cambio, un pequeñísimo gesto, una mirada (la primera, la segunda, la que será clave de algo o la que por el contrario se repita pero de otro modo, con otro matiz, con diferencias casi imperceptibles pero importantísimas), un tic acaso. Tengo miedo de no estar ahí al cien por cien a pesar de tener la absoluta seguridad de que después, demasiado pronto, no voy a acordarme de nada, nada habrá detrás, obnubilado por lo de delante.<br /><br />Lo miro y no me apetece respirar. No quiero hacerlo, únicamente quiero sentir el calor al cogerlo en brazos, abandonado en mis manos. Quiero ser derribado de todos los caballos, caer de nuevo. Saulo no se desplomó, no lo hace hoy, deslumbrado por la luz. Es la luz. Es el cosmos, no da sentido, es el sentido. Como lo fueron, como lo son, los otros, como lo son todos.<br /></span></div><div align="right"><span style="color:#990000;">---------------------------------------------------------------------------------------<br /><em><span style="font-size:85%;">A Pablo, que es y será.</span></em></span></div>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-20176753062459868842008-04-10T13:59:00.003Z2008-04-10T14:46:13.713ZLullaby<a href="http://farm1.static.flickr.com/43/85689067_20c866a80a_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Fernanda Verón" src="http://farm1.static.flickr.com/43/85689067_20c866a80a_o.jpg" border="0" /><span style="font-size:0;"></span></a><span style="color:#990000;">Duérmete niño, duérmete ya. Si no lo haces vendrá un guardia civil completamente borracho con un artilugio de esos de soplar en cada mano y te llevará con él. Le tendrás que llamar padre (a la benemérita no le gusta lo de papá) y no volveremos a vernos. Crecerás lejos de aquí y con suerte y un tricornio serás como él, controlarás el tráfico y obligaras a los “malos” a llamarte de usted. Él estará orgulloso y yo moriré de ausencia.<br /><br />Duérmete niño, duérmete ya. Si no lo haces, pronto, mañana no habrá desayuno, ni comida ni cena. No hay raciones para niños desobedientes, solo los nenes buenos, los que tienen las manos limpias (todos los niños las tienen, siempre, pero los adultos no sabemos verlo, hace demasiado tiempo desde la última vez que nos las lavamos y hoy nos siguen chorreando maldades pasadas y presentes), los que hacen caso a los mayores tienen derecho a recibir algo a cambio, aunque solo sea desprecio.<br /><br />Duérmete niño, duérmete ya. Ya es tarde. Las brujas, los ogros y los señores del saco están acosando a otros críos, no hay para todos. Overbooking lo llaman, a esto también. No te asustaré con ellos, no es necesario. Tienes bastante con lo que tienes alrededor, cada día, cada noche, cada segundo.<br /><br />Duérmete niño, duérmete ya. Duérmete de una puta vez. Si tengo que volver a venir a cantarte esta preciosa nana no sé si sabré contenerme. Tal vez se me vaya una mano o las dos o los dientes. Tal vez golpee, arañe, muerda, torture. Tal vez haga cosas de las que después me arrepentiré pero de las que siempre te acordarás más tú que yo. Tal vez termine todo así. Y no creo que tú quieras eso.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-1996018602906830752008-02-14T13:22:00.006Z2008-02-15T11:13:11.437ZMarionetas<a href="http://farm3.static.flickr.com/2167/2265064022_8ccf2f07f3_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 420px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Imagen de Santiago Caruso" src="http://farm3.static.flickr.com/2167/2265064022_8ccf2f07f3_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Cuando salí a la calle no tenía idea de qué me iba a encontrar. Los domingos por la tarde son aburridos por sí mismos y el plan que la ciudad me ofrecía no parecía ir a mejorarlo. Las calles vacías no aportaban nada y la primavera extraña que devoraba rápidamente al invierno tampoco. Tal vez un bar, una copa o dos o siete, un poco de conversación intrascendente y previsible, como preámbulo de algo mejor, me dieran lo que buscaba, aunque ni yo mismo supiera que era. <br /><br />Una tasca al fondo de la calle, de esas de taburetes tapizados en absurdo eskay, barra cromada cubierta con esa especie de invernaderos para hongos, cuatro mesas cojas de madera y camarero tan aburrido como yo, me pareció un sitio tan bueno como cualquier otro. Al final de la barra un anciano de ojos vidriosos de anís, sabio de lengua trabada y espalda torcida, me preguntó por mi alma:<br /><br />- ¿Y tu alma?<br />- La he dejado en casa, no ha querido acompañarme – contesté.<br /><br />Entre el viejo y la puerta bebía café un payaso de vaqueros lavados, botas camperas y camisa de marca. Un tipo de esos que llaman socio a cualquier hombre, nena a las chicas y jefe al camarero, de los que creen que se inspiran en Clint Eastwood y pretenden parecerse a John Wayne pero en versión castiza. Uno de esos imbéciles que ya no cumplen los cuarenta pero se disfrazan de sus hijos adolescentes porque son modernos. Se rió en voz alta hasta que le hice callar con la mirada. Pedí al camarero de la mirada hastiada y el churrete añejo en el delantal de color indefinible un whisky de malta:<br /><br />- Un whisky de malta, por favor. El menos malo que tengas.<br />- Son todos igual de buenos, si quieres te pongo una cerveza, está fría – dijo el camarero con una sonrisa socarrona pintada entre las cicatrices de su cara ajada.<br /><br />Las dos putas de la mesa del final me miraron a mi y cuchichearon entre ellas: se habían debido dar cuenta de que también yo soy puta, aunque no lleve falda mínima o ajustada y medias de rejilla, aunque no me pinte la cara como si no hubiera más días, aunque no preste tres palabras y un coño amargo a cambio de unas monedas ni aunque no me den dos hostias si no entrego hasta el último céntimo de lo recaudado. Yo soy igual o más puta que ellas porque me rebajo hasta mucho más abajo, chupo y lamo mucho más profundo y entrego mi alma (que al fin y al cabo es mucho más rastrero que ceder el cuerpo) a cambio no solo de algo de dinero sino incluso en ocasiones a cambio de una sonrisa, de una palabra amable o de un abrazo tan poco sincero como los gemidos de placer de ellas. Yo soy tan ramera o más que ellas, porque tampoco he elegido profesión pero me dejo la piel cada día en las uñas de un buen puñado de cabrones con más suerte que nosotros o que han sabido lamer mejor. Ya ni siquiera me molesta: todos nos prostituimos de forma más o menos superficial, todos vendemos órganos, tiempo y vida a cambio de una especie de ideal que compramos por televisión, pero que en el fondo sabemos que no existe en realidad y que sus sucedáneos asequibles no nos van a acercar a esa felicidad prometida. Todos somos putas, todos sin excepción. Ni mejores ni peores. Como no conseguía entender lo que decían, les pregunté que murmuraban:<br /><br />- ¿Qué secreteáis? No estoy aquí para comprar nada.<br />- Ni nosotras te lo venderíamos, guapo, no estamos de servicio –respondieron entre divertidas y ofendidas.<br /><br />En ese momento, en ese preciso instante, entró en el local una chica de unos veintitantos, con los ojos llenos de muchos más años. Pelo largo y moreno, lacio, nariz recta y labios rozando la grosería por lo carnoso. Se sentó en un taburete y pidió un vino. Tinto, con cuerpo, de color picota madura, como todos los tintos con cuerpo y casi ninguna picota madura. Cogió su mochila y sacó una de esas marionetas que se mueven con cuerdas desde arriba. Decadente, oscura, casi siniestra, la hizo saltar y andar por la barra, oler el vino e incluso diría que le preguntó por él. Continuó un rato jugando sin hablar con nadie, ajena a todo. Tenía que hablar con ella, conocerla mejor:<br /><br />- ¿Te dedicas a los títeres?<br />- Cuando juego con ellos, yo manejo las cuerdas. Cuando termino, los guardo en su caja y me convierto en lo que verdaderamente soy. Lo que somos todos, lo que nos hace uniformes en el fondo. Lo que quita sentido al amor y al dolor, a la soledad y a la convivencia, a la riqueza y a la pobreza. Lo que hace que verdaderamente tanto tú como yo, el idiota ese y el camarero, el anciano del final de la barra y las dos mujeres de esa mesa seamos iguales.<br />- ¿Putas?<br />- No, marionetas.</span><div></div>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-24417312187772674372008-02-01T14:59:00.000Z2008-02-01T12:56:27.875ZRoja<div><a href="http://farm3.static.flickr.com/2147/2208825707_7edc84f4a3_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 280px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Gabriele Schini" src="http://farm3.static.flickr.com/2147/2208825707_7edc84f4a3_o.jpg" border="0" /></a><font color="#990000">Rubella es roja y colorea todo lo que acaricia o mira o siente o ve. Es roja, pinta las hayas aún sin ser otoño. Es de un escarlata engañoso, ni tan sangriento como su alma ni tan bermellón como debiera ni tan rosa como su nombre podría indicar. Es de un encarnado variable, a veces roza el burdeos y otras sugiere el naranja. A veces es púrpura, color glándula, a veces en momentos tibios se acerca peligrosa al fucsia.<br /><br />Rubella es roja y convierte en vino el agua y oxida el aire sin preocuparse más de ello. Calentadora nata de sangres ajenas, es tan responsable de iras como de pasiones, las bajas y las altas todas. Preña a la luna de verano y la embebe de fluidos tan vitales como inadmisibles. Pinta atardeceres y hace desperezarse al alba. Es tan día como noche, es estación, es el tiempo. <br /><br />Rubella fuma siempre, normalmente con una de esas boquillas largas que alguien una vez dijo que imprimían fatalidad. Habla con voz dulce sin empalagos pero lo que dice nunca es casual. Mide cada frase y regala sus palabras como uñas largas. Se pinta los ojos y los labios, se perfuma de otoño y se viste como si hubiera llegado el último día. Se desnuda igual. Ella es perfecta así porque sabe perfectamente que no lo es. <br /><br />Rubella odia intensamente y ama con todavía más rabia, es excesiva y viciosa, compulsiva para casi todo. Duerme poco y vive mucho, es fría cuando la modernidad bienpensante dice que se debe ser caliente y al revés. Es delicada pero dura, sinuosa y vengativa como un gato pero tan agradecida como el más estúpido de los perros. <br /><br />Rubella es roja y tiñe de infierno el cielo porque de eso se trata exactamente. Te colma por dentro, te ocupa todo y desplaza lo tuyo. Contagia oscuridad y vence cualquier resistencia. Se hace fuerte, te anula completamente. Rubella es como es, maravillosa.</font> </div>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-61880812784161111842008-01-25T12:44:00.000Z2008-01-25T13:02:22.411ZNiebla<a href="http://farm3.static.flickr.com/2190/2208825861_cfb5334721_o.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 520px;" src="http://farm3.static.flickr.com/2190/2208825861_cfb5334721_o.jpg" border="0" alt="Foto de Florian Ispas" /></a><span style="color:#990000;">Tu memoria se desvanece como las luces entre la niebla. Se difumina tu imagen, palidecen tus palabras. Siempre le diste mucha importancia al hablar. Decías que se valora siempre a quien habla. Que a quien se expresa bien se le ensalza, y que se critica a quien lo hace mal. Siempre has dicho que hablar es abrir la puerta, vencer cerrojos, romper barreras. Conversar es comunicarse, transmitir ideas, sentimientos. Eso es sencillo en el fondo, todo el mundo, o casi, puede hacerlo. Los niños lo aprenden pronto, los ancianos lo olvidan tarde. No tiene ningún mérito hacer algo que toda la humanidad, generalizando, hace constantemente. Incluso son mayoría los que lo hacen razonablemente bien. De este modo, ¿qué cualidad especial es aquella que se distribuye de manera tan uniforme? ¿qué absurda estimación se le da a algo que sobra muchas más veces de las que falta? No puedo acordarme de ti por tus palabras, esas que hoy todavía sigo oyendo, con tu voz en mis recuerdos y sueños, con la de otros — impostores del pensamiento, ladrones de frases ya hechas — constantemente.<br /><br />Yo te recuerdo por tus silencios. Esos silencios que ahora me enfrían el alma convertidos en colgajos de niebla, en mortajas de bruma que hielan por dentro aunque no hace frío apenas. Te amé por tus silencios. Los silencios son los meritorios, son los difíciles. Cualquiera es capaz de abrir su boca y decir cualquier cosa, lindeza o barbaridad o también alguna frase neutra, insípida e inodora. Los niños no juegan a ver quien es capaz de mantenerse más tiempo hablando sino a tratar de permanecer más tiempo en silencio, a intentar vencer la risa que produce ver el esfuerzo en el rostro del contrario, el opuesto que terminará rompiendo su mudez impuesta, aunque sea por mimesis. Yo no aprovechaba cada uno de tus silencios para hacer vanos intentos de permanecer asimismo callado, los aprovechaba para mirarte, infinitamente. Para recrearme en cada centímetro de tu piel, de tu pelo, de tu gesto. Para recrearme en cada rasgo de los que ahora me roba la niebla. </span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-37359882158561028082008-01-21T15:25:00.000Z2008-01-22T07:47:00.731ZOxígeno<a href="http://farm3.static.flickr.com/2362/2209621630_19be6840e6_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 480px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Gabriele Schini" src="http://farm3.static.flickr.com/2362/2209621630_19be6840e6_o.jpg" border="0" /></a><br /><span style="color:#990000;">Dulces eran las horas en las que me aún me dirigías la palabra. Dulces eran los días, tibias las noches, cuando todavía nos podíamos mirar a los ojos sin que nos hiciera daño. Y ahora ahí estás y aquí estoy. Tú sentado mirándome, yo con el agua por los tobillos y la boca muda, tratando de decirte con la mirada que esto no tiene sentido. Me miras y sonríes y el agua sigue subiendo, lentamente, moja mi piel, se enrosca en mis piernas pero sé que no serás capaz.<br /><br />Me vienen a la cabeza mil y un momentos, cientos de segundos perfectos, claves. Los buenos, los malos y los que nos han traído aquí. El agua sigue trepando poco a poco, inexorablemente. Siento su frío en los muslos ya. Trato de liberarme, pero es inútil. ¿Por qué no dejas de sonreír? ¿Por qué no dices nada? Según tú, todo está hablado ya. Pero no debería ser así o el agua no continuaría su camino. No es así, no puede serlo. <br /><br />Recuerdo a la perfección la caricia de tu pelo, la hondura de tus ojos, la canción, en ocasiones triste en otras alegre, de tu risa cuando era sincera. El rumor líquido me dificulta la memoria pero no la anestesia del todo, tengo casi medio cuerpo sumergido. Desconozco tus razones, pero los pies se me duermen de frío, te imploro que me sueltes, sin palabras, siempre presumiste de saber lo que pensaba unos minutos antes de que lo expresara con sonidos.<br /><br />Mi cuello se tensa al intentar capturar más aire, respiro rápidamente, tal vez demasiado rápido. Tu sonrisa ha mutado en carcajada enloquecida o así me parece. Ahora si que has adivinado lo que pensaba y me dices que estás completamente cuerdo. No seré yo quien te lleve hoy la contraria pero he de levantar la cabeza para poder seguir respirando. Me falta el oxígeno y me gustaría ser capaz de obtenerlo de algún modo, aunque sepa que es imposible.<br /><br />El agua se acerca a mi boca, besa mis labios como tú lo hiciste en su momento, el cansancio me está venciendo. Poco a poco, despacio, demasiado despacio, voy rindiendo voluntades y ánimos. Ya no me miras. Tus ojos hace rato que no buscan los míos, se pierden en el suelo. Compartimos lágrimas: las mías se disuelven a mi alrededor y desaparecen, las tuyas se acumulan a tus pies. Será lo último que compartamos pues siento que me queda poco, el final se acerca con cada gota. Sumerjo momentáneamente la cabeza y vuelvo a sacarla, por poco tiempo ya. No me quedan fuerzas para respirar ni a ti para mirarme. Nuestro tiempo se acaba. Respiraré agua y terminará todo. Quiero que me mires por última vez, quiero que recuerdes esto siempre. Quiero que nunca olvides, ni el final ni cómo fue al principio. Pero es demasiado tarde para querer, demasiado tarde para todo.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-17495685066984324322007-12-15T14:45:00.000Z2007-12-12T12:03:22.638ZOpus 100<a href="http://farm2.static.flickr.com/1050/1446252089_5235c9fd77_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 450px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de May Garcia" src="http://farm2.static.flickr.com/1050/1446252089_5235c9fd77_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Mirando hacia atrás y dado el seguro interés de al menos la gran mayoría de los lectores (tres mil o cuatro mil diarios, por redondear, tres o cuatro confirmados) creo que es el momento de recapitular y de escribir una autobiografía. Mi autobiografía. Comencé a darle vueltas hace un tiempo pero no tenía demasiado claro como darle forma. Quería que de algún modo fuera el final y el principio, el alfa y la omega de algo, aunque no tenía muy claro de qué. Un círculo que se cierra, una serie que termina, una vieja y una nueva vida, otra perspectiva. <br /><br />Una autobiografía es siempre arrogante, petulante, supone que el lector tiene interés en conocer la vida del que la escribe (eso en el caso de que realmente sea auto, la mayor parte de las veces es un trabajo por encargo disfrazado de originales memorias). Es un canto a la vanidad más pueril, así que lo primero era pensar un buen título, “Autobiografía” sin más no sonaba lo bastante altanero. Pensé en relacionarla con el nombre de este rincón en el que se cumplen ahora dos años que el que esto escribe vomita sus letras (con mayor o menor fortuna), pero no era lo suficientemente soberbio. “Diario de un cosmopolita cáustico”, “Memorias cáusticas de un cosmopolita”, “Confesiones cosmopolitas de un cáustico”, “Vida de alguien cáusticamente cosmopolita”... no me convencían en absoluto. Tal vez “Reminiscencias, remembranzas y evocaciones del Cosmopolita, narradas en tono cáustico, incisivo, punzante y mordaz” resumía mejor el sentido final de cualquier autobiografía... pero aunque era lo bastante pretencioso, también era un título eterno. Finalmente, casi sin darme cuenta, encontré el título perfecto: “Opus 100”. Por un lado el latinajo resultaba bastante fatuo; por otro el 100 era un número redondo que se correspondía con precisión al número de entradas de ínfulas literarias de la página; por un tercero (aunque quizá solo a los aficionados, otro punto más a su favor, un toque de misterio para iniciados) remitía a la vez a las colosales obras de la antigüedad (Bach, Händel, etc.) y al moderno y futurista, pero sobre todo también grande, Asimov y sus Opus 100 y 200; por un cuarto era corto, conciso, exacto, escrupulosamente sonoro. Así se quedó.<br /><br />Empecé a escribir e iba ya por los doscientos cincuenta folios cuando me di cuenta: las autobiografías no piden permiso a los secundarios (de lujo siempre, son los que enmarcan si es que no son los verdaderos protagonistas, causa y efecto de lo escrito, de lo narrado por aquel que se sabe lo bastante importante como para describirse desde la más absurda complacencia, claro está) para citarles, nombrarles, ningunearles la mayoría de las veces. Yo no podía hacer eso, demasiada gente no me habría perdonado jamás tal dislate. No podía nombrar a alguien (contar pormenores, cotillear en suma) sin pedirle autorización y no estaba dispuesto a recorrer países y décadas para rogar consentimientos, de modo que empecé a recortar. <br /><br />Comencé por quitar nombres de personas y lugares, al principio los sustituí por iniciales pero después los taché del todo: unos ciento cincuenta folios quedaban. No era suficiente. Cualquiera que me conociera o los conociese sabría igualmente de quienes estaba hablando. Anulé referencias entonces, suprimí sucesos, enmascaré otros, novelé el resto: cien folios aproximadamente. Leí y releí, castrador en mano. Lo narrado era familiar, conocido, doméstico. Demasiado. Era un problema y grave además. Me dispuse a eliminar todo lo que pudiera acercar al eventual lector a la realidad más real, en tanto en cuanto implicara a otros. Lo hice y volví de nuevo a leer los folios que me quedaban (unos ochenta). Era precioso. Ochenta hojas llenas de “Yo” y sus más comunes formas de engreimiento: los muy ególatras “mi”, “mío”, “mí mismo”, algún muy poco frecuente “nosotros”, etc. En resumen, una gigantesca paja literaria, suficientemente onanista como para satisfacer los egos más crecidos. El ataque de vergüenza propia y ajena que me sobrevino me impulsó a convertir el texto en una obra narrada en tercera persona. Pronto me di cuenta de que no se puede hacer una autobiografía en tercera persona, no tiene sentido, no resulta. No es creíble. .Volví a la narración en primera persona, regresé al “Yo” eludiendo cualquier otra persona. Traté, eso sí, de obviar el autohalago innecesario (muy pocas veces lo es, pero éstas sí lo eliminé) y de esa forma dejar que fuera el propio lector el que permitiera que esa adulación (tan justificada) llegara a su mente e incluso al posterior comentario. Creo sinceramente que lo conseguí.<br /><br />La última (tal vez la más importante) dificultad que me encontré fue que los folios que aún me quedaban, no más de sesenta, estaban repletos de sucesos sin el más mínimo interés salvo para mí. Seguramente eran el resultado de una vida corriente y moliente, sin altibajos ni grandes epopeyas, sin tragedias ni épicos sucesos, es decir, como prácticamente cualquier vida y desde luego como casi todas las autobiografías (salvo las que no dejan de ser novelas más o menos acertadas disfrazadas de diario, pero eso me interesaba aún menos). De manera que cercené todo aquello que me pareció fútil, soso o simplemente poco estimulante o nada divertido. Cayeron montones de frases, párrafos enteros, páginas y más páginas repletas de naderías. Podé y podé, talé decenas de hojas, arrugué unas, rompí otras. Poco a poco fui quedándome con lo fundamental, lo básico, lo primordial. La esencia misma de mi vida, el principio y el final de todo, como decía al inicio. El desenlace no podía dejarlo, no podía escribirlo sin inventármelo, era y es desconocido para mí. Y el principio, bueno, mi fecha de nacimiento aparece en mi D.N.I. <br /><br />Ahora sí estaba satisfecho: una hoja en blanco me contemplaba desde la mesa. Esa es mi vida realmente, sin rechazar nada de lo pasado pero con el blanco delante, así es como debe ser: todo o casi todo por escribir, por relatar, por sentir y por vivir.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-53539327609812888182007-12-02T08:34:00.000Z2007-12-12T08:15:51.925ZPóker<a href="http://farm2.static.flickr.com/1222/542463815_abee64df4c_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 450px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Hadju Tamas" src="http://farm2.static.flickr.com/1222/542463815_abee64df4c_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Rojo y negro, par e impar, dados cargados y expertos tramposos. Rubella escribe epitafios en hojas secas que después hace pedacitos entre los dedos. Un chino con cara de pocos amigos (más bien ninguno) prepara bebidas en un rincón y yo apuro mi enésima copa. El dinero huele fuerte al pasar de mano en mano, hoy es mi noche. Alrededor de la mesa, algunos viejos tahúres lloran trampas pasadas y futuras, les pican los ojos con el humo pero mantienen el tipo como pueden: fueron profesionales. El papel de las paredes recuerda la sangre vertida y sirve de inspiración a Rubella. Me guiña un ojo y subo el envite. El ciego de mi derecha ve la apuesta y se reparten más cartas. Sé que están marcadas, nadie juega limpio, ya no, pero Rubella ha hecho el gesto y la mano es mía. Un carnicero de hoja oxidada se lleva al ciego. Los perros le siguen, famélicos, hoy cenan caliente. Cada vez quedamos menos. Le chisto al chino, corre con un vaso y lo deja a mi izquierda. Bebo un sorbo y espero a que repartan más cartas. Somos cuatro de una docena. Los gritos de agonía del ciego son la perfecta banda sonora. Rubella ríe, demasiado alto, destroza otra hoja seca con sus uñas pintadas de rojo oscuro. Sabe que es el premio final pero no la molesta, en absoluto.<br /><br />Trío de jotas. Picas a mi derecha, posible escalera enfrente. El gringo de la izquierda se tira. Se levanta y deja su estúpido sombrero pasado de moda en la mesa de atrás. Apuesto fuerte, me descarto y espero que la suerte se ría como Rubella. El de enfrente no va y Picas se lo juega todo. Huele a farol. Carcajada. Veo. Pierde. Otro para la habitación de al lado. Demasiado fácil. El gringo vuelve y pedimos más copas. Saco un cigarro y Rubella lo enciende con su ojo izquierdo. Acordamos que sea la última mano. El niño da cartas. Nos descartamos, se descartan, yo estoy servido. Todas las fichas en el centro de la mesa. Levanta primero el gringo, luego yo y finalmente el otro. El gringo pierde los nervios y tira la mesa de una patada. Le hago un gesto al chino para que recoja las fichas y salgo del tugurio con Rubella agarrada por la cintura. Hace frío afuera y una finísima y gélida lluvia nos va empapando poco a poco. No necesitamos siquiera mirarnos. Nos espera el amanecer que no había querido asomarse antes. La luz baila con las gotitas de agua. Exprimiremos el tiempo, hasta el mes que viene no hay más partidas.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-11307948274981338162007-11-28T08:34:00.000Z2007-11-28T08:57:06.690ZInterludio y VII<a href="http://farm2.static.flickr.com/1208/1447428355_fa6810581f_o.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 420px;" src="http://farm2.static.flickr.com/1208/1447428355_fa6810581f_o.jpg" border="0" alt="Foto de Geza Simo" /></a><br /><span style="color:#990000;">Los finales tienen la extraña costumbre de coincidir con otros principios. Así, el último interludio tenía que cerrar el círculo iniciado con el primero, igual que las estaciones están en pleno proceso de cierre y apertura ahora mismo. <br /><br />Y es hoy, nunca en otro momento, cuando releo y veo y siento y oigo y pienso. Y es hoy, ese hoy que es pasado y presente y futuro, todo junto, cuando sin arrepentirme me cuesta entender que motivó el primer interludio.<br /><br />Tal vez el frío (inesperado por muchos, jamás entenderé la razón) entumezca neuronas sanas. Tal vez fueron tiempos tan pasados que ya se olvidaron. Tal vez sea yo el que no quiera recordar determinadas sensaciones.<br /><br />Y el invierno ya muerde de madrugada y ya se empiezan a ver los alientos de los parroquianos por las calles y la pátina de hielo en los coches. Y se acerca la Navidad y con ella, por desgracia, entre un ochenta y dos y un ochenta y siete por cierto de las ocasiones de ser imbécil y de parecerlo. Y se terminará el año, otro año, y pocas cosas habrán cambiado (quizá ninguna, quizá a peor) y empezará otro, con sus nuevas ilusiones y sus propósitos de enmienda que terminarán en frustraciones y en excusas hipócritas. En fin, nada nuevo. Ni nada demasiado viejo.<br /><br />E igual que termina el año, terminan los interludios. El siete es un buen número para cerrar un círculo y, en esta ocasión, será así. Algún número tenía que ser, no tenía sentido ni prolongar indefinidamente ni postergar un final que en la punta de mi lengua dormía desde hace tiempo. Cogeré el lacre de sellar labios y dedos y almas y lo pondré tapando la cerradura del cajón de las palabras y los entreactos. Así será. <br /><span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-42624025966403435612007-11-23T11:26:00.000Z2007-11-26T08:44:05.470ZTransparente<a href="http://farm3.static.flickr.com/2106/2057141486_0dc2b1a170_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 280px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Michael Goesele" src="http://farm3.static.flickr.com/2106/2057141486_0dc2b1a170_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;"> <br /><br />Era de cristal. Bueno, casi de cristal. Era transparente pero no frágil. La textura de su cuerpo era la misma que si no hubiera sido transparente. Los médicos se habían hartado de repetirles a sus padres que era un problema grave (y muy raro, rarísimo, incurable) de ausencia de pigmentos, pero que todo lo demás era idéntico a lo esperado. Es decir, su piel no contenía nada que le diera color, ni su sangre, huesos, músculos, vasos, órganos, nada de nada. Sin embargo no tenía que tomar ninguna precaución especial, en ningún sentido. Era, finalmente, un tema puramente estético.<br /><br />Por lo demás, era un niño normal, absolutamente normal. Jugaba, veía televisión, comía y dormía como cualquier crío de su edad. También era constantemente humillado, insultado y vejado por sus compañeros de clase como cualquier otro. Creció por tanto como crecemos todos, con frustraciones, alegrías, tristezas, ilusiones... pero con mucho más maquillaje. Su madre se esforzaba en maquillarle tratando de darle un aspecto “natural”. Tinte para el pelo y para disimular cejas y vello invisibles. Mangas y perneras largas prácticamente todo el año, al menos en público. Guantes y gorro de finales de septiembre a primeros casi de junio. Y se hizo un adolescente que había pasado mucho calor pero que fue capaz de adolecer aproximadamente como cualquiera. <br /><br />Conoció chicas, muchas chicas, pero en el sentido bíblico no había conocido nunca a ninguna, hasta que “la única” entró en su vida. Se enamoró, tan perdidamente como era de esperar, tan irreflexiva e impetuosamente como lo hemos hecho cualquiera a esa edad. Los primeros encuentros fueron a través de Internet –no hay mejor disfraz que el anonimato absoluto- pero llegó un momento en el que resultó imperativo el contacto real, la visión a la cara, el roce en la piel. Evidentemente su mayor preocupación no fue el cómo sería ella sino el cómo reaccionaria ante él. Sabía que era alguien lo bastante especial –o así quería creerlo-, alguien lo suficientemente extraño, lo justo de raro, lo exacto de excepcional, así que se puso sus mejores galas, se pintó como siempre (hacía tiempo que había aprendido y los resultados habían acabado siendo notables) y se marchó al lugar elegido.<br /><br />Todo fue bien, demasiado bien tal vez. No hubo reproche alguno (sí sorpresa, pero esa pasó rápido), no hubo vergüenzas esta vez. A la chica no le disgustó nada o no lo demostró, que a la larga es diferente pero que en los primeros momentos viene a ser lo mismo. <br /><br />La vida se encargó de mantener unido lo que parecía imposible y Felicidad (la esquiva, la de los cuentos de hadas aunque estos no acaben bien) terminó de hacer lo correcto, regaló lo imprescindible y se hizo la estrecha cuando tenía que hacérselo. El chico de cristal y su musa lo aceptaron así y supieron encontrarse siempre. Envejecieron juntos, como habían estado desde que querían recordar y al final (siempre hay final, para todo y para todos) no tuvieron de qué arrepentirse. También, en algún punto temporal difuso de su vida, la común, la deseada, tuvieron hijos. Hijos normales en todo y seguramente desdichados, no supieron verse por dentro.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-50853380356155059042007-11-16T11:19:00.000Z2007-11-22T15:26:00.303ZLA LUNA EN BOTELLA<span style="color:#990000;">A veces voy al cine. A veces merece la pena la película. A veces hay que hablar de ello.<br /><br />El texto está sacado de laletracapital que a veces también me roba tiempo. Y yo se lo agradezco.<br /><br /></span><br /><br /><span style="color:#cccc99;"><a href="http://farm3.static.flickr.com/2158/2037500272_b9049d0ed9_o.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="Cartel" src="http://farm3.static.flickr.com/2158/2037500272_b9049d0ed9_o.jpg" border="0" /></a>Pues resulta que en nunca antes en laletracapital habíamos hablado de cine, de algunas de las otras artes, con mayor o menor profusión, también con mayor o menor fortuna, sí lo habíamos hecho. Resulta que el viernes dieciséis de noviembre se estrena en España (en el extranjero desconozco si lo hará aunque en el fondo de mi ser espero que sí) la última obra de Grojo (hasta ahora le conocíamos por su faceta de músico y director de cortometrajes, que también son cine pero más corto, más pequeño, cinito casi). Resulta que además es esta su primera peli y, para terminar con los resultas, resulta que tuvimos la ocasión (gracias Grojo) de asistir al preestreno.<br /><br /><br /><br />La obra se llama “La luna en botella” y trata de... no sé de lo que trata, exactamente. Tiene la extraña (por poco frecuente, al menos en una película) virtud de, argumentalmente, hablar de diferentes cosas (los grandes temas, en el fondo, tienen estos detalles). Esa variedad de interpretaciones dependen en gran medida de quién la vea e incluso, si me apuran, del momento en el que la vea. Para algunos de los que allí nos congregamos es una película que habla de utopías, de luchas y de conquistas. Para otros, lo que vieron fue una historia de amor. Para unos pocos, seguramente, se trata de esperanzas y desesperanzas. Habrá quien la viera y le parezca que es un filme que celebra la alegría de estar vivo... y es que me atrevería a afirmar (esto, todo, es una opinión y un parecer puramente personales, ni soy crítico de cine – ni de nada-, ni sabría como serlo, ni demasiadas ganas tengo de ello) que “La luna en botella” es todo eso y mucho más. Son varias historias que se cruzan, se entrecruzan, con personajes que crecen, otros que menguan a ojos vista. Son varias historias con pocos, muy pocos, nexos comunes (al menos en la superficie) pero que en el fondo son solo una historia, con un claro principio y un menos claro final: el que quiera leer, ver y paladear el espectador.<br /><br /><a href="http://farm3.static.flickr.com/2191/2036702717_8cea0b6105_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Rodaje" src="http://farm3.static.flickr.com/2191/2036702717_8cea0b6105_o.jpg" border="0" /></a><br /><br />“La luna en botella” dicen que es una obra coral y es cierto, no hay un claro protagonista, al menos entre el elenco de actores (magníficos todos, ni un solo gesto vi, ni un segundo, ni una línea de texto que no me pareciera naturalmente bien interpretada) y es que me parece a mí que el verdadero protagonista es la soga a la que en todo momento se aferran los personajes, la que va sirviendo para atar cada cabo... en fin, supongo que será una película coral. Digo esto porque hay dos personajes más que son también protagonistas absolutos y que no aparecen en los créditos entre los demás actores. Les hablo, amigos, de la música y la “estética” (lo entrecomillo porque no me refiero a un tipo de fotografía, ni a un filtro determinado, ni a nada de eso; me refiero a algo difícilmente definible, impalpable, que rezuma por todo el metraje de principio a fin). La música, magnífica, dota de un ambiente entre circense y cabaretero, entre lo festivo y lo decadente, todo el filme, le da una entidad que probablemente no tendría con otro tipo de música (nada en la película está dejado al azar, cada letra del guión, cada micra de celuloide tiene un porqué, una razón, una intención). La estética, remite inmediatamente al cine de Jeunet y Caro pero luego se bifurca esta sensación, se ramifica y alcanza pinceladas fellinianas y de otros muchos cineastas (todos personales, todos especiales, tanto como el que nos ocupa). Tampoco esta luna estaría igual de creciente (casi llena) con otro tipo de imagen, con otro ornamento.<br /><br /><a href="http://farm3.static.flickr.com/2250/2037499930_216e760fd6_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Zeta y Alicia" src="http://farm3.static.flickr.com/2250/2037499930_216e760fd6_o.jpg" border="0" /></a><br /><br />No voy a entrar en detalles técnicos ni en fichas de actores/personajes, etc. puesto que podéis encontrar esta información en la<strong> </strong><a href="http://www.lalunaenbotella.com/"><strong>página web oficial</strong></a>. Lo que si voy a hacer es recomendar a todo el mundo mundial que vaya al cine a verla, si quieren pasar un par de horas buenas, si les gusta disfrutar de algo que no sea lo de siempre, si les gusta el cine, vamos. Y si no, también.<br /><br /><a href="http://farm3.static.flickr.com/2142/2037500334_8848e805d7_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Fundamental la música" src="http://farm3.static.flickr.com/2142/2037500334_8848e805d7_o.jpg" border="0" /></a><br /><br /><div align="right"><em>Fotos extraídas del <a href="http://picasaweb.google.es/lalunaenbotella/LaLunaEnBotella02">álbum web</a></em><br /></div><br /><div align="center"><a href="http://es.youtube.com/watch?v=uc6-ZQMED9E">TRAILER TRAILER TRAILER TRAILER TRAILER</a><br /><br /><embed src="http://www.youtube.com/v/uc6-ZQMED9E&rel=" width="425" height="355" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"></embed></div></span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-35877146912970817792007-10-24T08:34:00.000Z2007-10-24T14:47:21.651ZNueve<a href="http://farm2.static.flickr.com/1437/1447428361_f9bbcd6d27_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 420px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Geza Simo" src="http://farm2.static.flickr.com/1437/1447428361_f9bbcd6d27_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Han pasado nueve años. No sé si son nueve años menos o nueve años más. No sé si son importantes, si son los más importantes, pues no sé ni los que quedan ni cómo van a ser. Probablemente no han sido como esperabas, o no he sido, para ser exacto, como esperabas. Probablemente te he decepcionado muchas veces, no sé tampoco si demasiadas. Probablemente de haber podido elegir, habrías elegido mejores años, más tranquilos (o menos), más desahogados, más felices. Probablemente habrías cambiado muchas cosas, muchas situaciones poco deseables que el devenir de los tiempos y la convivencia han ido deparando. Probablemente aún hoy cambiarías muchas cosas, modificarías otras, mejorarías algunas, pulirías, limarías, alisarías o domeñarías muchas actitudes, muchos gritos (siempre a destiempo), muchas ausencias.<br /><br />Han pasado nueve años. No sé si me hacía una idea, ni como era esa de exacta (en el caso de haber existido previamente). No sé si han sido buenos para ti, si han sido malos, si han sido regulares. Probablemente yo habría podido hacer muchas cosas de otra manera, de otro modo, con otras premisas y seguramente otras consecuencias. Probablemente hasta este en tantas ocasiones ridículo texto, estas letras absurdas, podría (podrían) haber sido distinto, otro, mejor.<br /><br />Han pasado nueve años. No sé si tú piensas lo mismo, probablemente coincidiremos en algo, probablemente no en todo. De lo que estoy seguro, absolutamente, con la seguridad que da la memoria, con la certidumbre de lo recóndito, de lo profundamente vivido, visto, oído y sentido, con la convicción que da lo interno, lo cordial, lo cardíaco y lo racional, cerebral, con la fe y el convencimiento de lo sabido pero intuido, de lo que es innegable e indudable porque sale hacia fuera y no depende de nada más que de si mismo, es de que no cambiaría ni uno sólo de los mil y pico meses, de los varios cientos de miles de horas, de los incontables segundos, de los nueve años (en definitiva) que hemos pasado juntos. Ni por nada ni por todo.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-10874280874524411532007-10-22T08:34:00.000Z2007-10-22T14:38:02.154ZInterludio VI<a href="http://farm2.static.flickr.com/1254/1447428365_ada216b40d_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Adrian Moisei" src="http://farm2.static.flickr.com/1254/1447428365_ada216b40d_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Me descubro trasnochando y deseando que por una vez la luna no abdique esta noche. Las horas pasan sin dejar rastro y estamos terminando el año. Recuerdo la fina lluvia y el frío y el dolor y dejo que la sensación se deslice entre mis dedos como el humo. El futuro está ya cerca, cada vez más cerca y se podría decir que es casi pasado ya. Dulzor intenso en el ojo izquierdo y soledad en el derecho, bizqueo imperceptiblemente y pienso en ayeres a sabiendas de que es absurdo pensar en ellos.<br /><br />Miro atrás y Misantropía se hace cargo, ella nunca exige nada: ya nadie exige casi nada y no lo echo de menos. Hoy he decidido elegir mi soledad acompañada, lejos de multitudes y de sangres más o menos cercanas y cerca de lo que realmente quiero y deseo. Miro mis pies y los descubro centros del universo, del conocido al menos. Nunca los planetas estuvieron tan lejos, nunca las almas tan encima.<br /><br />Río fuerte y algunas personas giran sus cabezas pero no me ven, nadie me ve, me he vuelto transparente como hielo fino, frío como el fuego y desnudo como la cuerda de una guitarra. Puedo volar, sé que puedo volar pero no lo intentaré hoy. Tal vez más tarde, cuando la luna finalmente se rinda y se jubile, se retire lejos y vuelva a estar solo.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-38102232585921756242007-10-17T10:54:00.000Z2007-10-17T12:28:46.354ZAferrarse<a href="http://farm2.static.flickr.com/1149/1446252075_281f5ad5f7_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 270px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de May Garcia" src="http://farm2.static.flickr.com/1149/1446252075_281f5ad5f7_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Pregunté por ti y el salitre me contestó con una bocanada seca y salada. Pregunté por ti cuando llegué al mar y las gaviotas se reían de mí dando vueltas en el aire. Pregunté por ti, sí, lo hice aunque me había prometido que nunca caería tan bajo. Porque te echaba de menos, me dije y eso justificaba todo lo demás, incluso aquellas preguntas sordas y cobardes, que al fin y al cabo sabía a quién debía preguntar si de veras quería encontrarte. Me resultó más cómodo el saberme esforzado, el engaño estúpido (al final todos los engaños terminan por ser autoengaños, no engañamos a nadie aparte de a nosotros mismos) de sentir que había hecho todo lo posible.<br /><br />Me senté en la soledad de la playa norteña en invierno, mirando el ir y venir perezoso de las olas olvidadas durante meses. Y me solacé en la sensación de pérdida, en la compasión (al final todas las compasiones son autocompasión, nadie se compadece ni más ni mejor de nosotros que nosotros mismos) y en la seguridad que da el dolor profundo. Observé el horizonte difuminado en la neblina que lo desdibujaba todo y lloré hasta no diferenciar el sabor de mis lágrimas y el de las salpicaduras marinas.<br /><br />Me aferré al recuerdo de tu risa, a la memoria difusa que se empeña en empañar lo bueno disimulando y camuflando lo menos placentero hasta que es demasiado tarde, hasta que cuando te abofetea ya no puedes ni esquivar el golpe. Me agarré con ambas manos a la evocación de tus labios y tus ojos y tus manos y tu piel. Me sujeté al pasado (al final todo lo pasado es superfluo aunque duela y queme y rasgue y rompa y sangre) sabiendo que no volvería a tenerte jamás entre mis brazos y supe que ya no me importaba. Esa certeza fue la que me destrozó del todo.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-87577808902197133152007-10-10T14:27:00.000Z2007-10-10T06:36:15.750ZMujer<a href="http://farm1.static.flickr.com/194/521513890_b146d81a8f_o.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px;" src="http://farm1.static.flickr.com/194/521513890_b146d81a8f_o.jpg" border="0" alt="Foto de Eberhard Steuer" /></a><br /><span style="color:#990000;">Eres luna, eres noche, eres la Venus del verde río verde oculta entre algas que cantaba el maestro de la joroba de mentira.<br /><br />Eres cielo, eres Eva, eres nube, eres la que sueña la energía que hace soñar, lo dulce y lo antiguo, lo auténtico.<br /><br />Eres fuego, eres materia, eres tierra, eres la Gaia de las teorías, la diosa de las azucenas.<br /><br />Eres siempre. Eres mujer, eterna.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-46829374314047207302007-10-08T11:44:00.000Z2007-10-08T07:37:37.804ZRetiro<div><a href="http://farm1.static.flickr.com/225/521513894_942dc763f7_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Doug Earle" src="http://farm1.static.flickr.com/225/521513894_942dc763f7_o.jpg" border="0" /></a><font color="#990000">La soledad que has encontrado no es la que buscabas, por eso te duele el alma de recuerdos de días pasados. El olvido, siempre amenaza, invade tus sueños tratando de conquistar tu mente, es de caramelo caliente y sólo esperas que no sea demasiado pegajoso, que no se agarre demasiado a tu cerebro y que te deje respirar.<br /><br />Elegiste tú el retiro, para pensar decías, para centrarte, para quitarte de encima el ruido. Y el ruido va contigo, lo llevas dentro, te asfixia si le dejas. El ruido nunca es totalmente externo, yo lo sé, tú ahora lo sabes.</font> </div>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-16549865556911870562007-10-07T14:27:00.000Z2007-10-08T07:36:11.642ZAlma<a href="http://farm1.static.flickr.com/214/521527012_5cffbbda70_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Katarzyna Widmanska" src="http://farm1.static.flickr.com/214/521527012_5cffbbda70_o.jpg" border="0" /></a><br /><div><span style="color:#990000;">Llevas tu alma como si fuera de otro. Te vistes de luz y atardeces, todos lo hacemos, no hay para tanto. El día del final, del ocaso último, nos va a alcanzar en algún momento, que no sepamos cuándo en absoluto implica que podamos esquivarlo.<br /><br />Cubres tus anhelos con pudor prestado. Disfrazas tus pensamientos aunque sabes que el alma se mide por la altura de sus deseos. No es tarde para ambicionar, nunca es tarde para conseguir lo que se quiere. Siempre es el momento de intentarlo.</span></div>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-63015511141547175762007-09-25T11:09:00.000Z2007-09-25T14:57:38.105ZInterludio V<a href="http://farm2.static.flickr.com/1241/1193037516_ae2bdbccf5_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Melinda Nagy"src="http://farm2.static.flickr.com/1241/1193037516_ae2bdbccf5_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Me despierto cada día con la sensación que debo pararme un poco, mi vida se hace últimamente de comida rápida y deseos urgentes. He de juntar los pies, cerrar los ojos y pensar en todo y en nada al mismo tiempo. Si creyera en el yoga o en la meditación trascendental o en alguna zarandaja seudoriental de esas, debería juntar pulgar y corazón y musitar ensimismado, destrozarme las rodillas en imitaciones florales imposibles o dedicarme al tai-chi de todo a cien. Si fuera fan de Sánchez Dragó debería ponerme de ayahuasca o de peyote y alabar las virtudes de algo lo bastante misterioso como para hacer lubricar a sus muy liberales (neo supongo, la derecha de siempre reciclada entre comillas, nada que ver con el auténtico liberalismo) y menopáusicas seguidoras.<br /><br />Resulta que ni me interesa la versión occidental del orientalismo ni soporto al de las gafas medio caídas, así que sólo me queda (y no es poco) centrarme en lo mío, tararear alguna canción de Brel o Cave o Cohen o Bowie o quien sea y no necesariamente en ese orden, ponerme en ambiente y pensar, pensar y pensar. Y sentir, sentir y sentir. Sin más.<br /><br />Llegará octubre y confío en que desaparezca el sol tras alguna nube de una vez por todas, se recuperen las charlas en bares de dudosa estofa llenos de humo hasta los topes y con rincones especiales, el sudor veraniego (y pre- y post-, claro) se vaya por dónde vino y el cielo llore lágrimas reptilianas para que pueda volver a reír al salir a la calle. Y no sólo cuando me deje la canícula.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-79101727195702873352007-09-24T10:16:00.000Z2007-09-24T11:12:40.914ZTabaco<a href="http://farm2.static.flickr.com/1301/542463823_cce867e437_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Alexandru Caranfil" src="http://farm2.static.flickr.com/1301/542463823_cce867e437_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">He decidido dejar de fumar. Es una decisión que me ha costado un tiempo considerable tomar, numerosas horas, días, meses dándole vueltas, innumerables toses mañaneras y muchos síndromes de abstinencia al despertar de madrugada. Pero estoy decidido, de hoy no pasa. Tiraré cada paquete y cada cigarro a la basura. Y eso que estoy de acuerdo con lo que decía la canción aquella, la que luego reinterpretaron los de la liga protabaco, esa de que fumar era un placer sensual. Y ciertamente lo es. También el juntapalabras dedicaba una canción, Gracias Tabaco, al extendido vicio. Pero, ¡ay!, fumar tabaco hoy no se lleva. Atrás quedaron aquellos machotes de Marlboro que cabalgando al sol poniente se hartaban de humo; aquellos Bogarts que con una mirada y con una calada lo decían todo; incluso aquellas mozas fatales, con boquilla larga y lánguida expresión, que invitaban al desenfreno decadente tras nubecillas azules, también pasaron de moda. En la era de lo light, del consumo rápido y supuestamente saludable (nada mejor que timar al personal con palabros aparentemente técnicos y tan vacíos de contenido como de virtudes), del hedonismo chorra (si somos hedonistas, lo primero no debería ser la salud –menos aún si no es cierta- sino el placer) y del culto al cuerpo, todo lo que no sea políticamente correcto no tiene cabida.<br /><br />Por supuesto, podemos seguir conduciendo coches cada vez más potentes (y aún hoy, muy contaminantes) y bebiendo sin parar (el vino y la cerveza escondían virtudes que no conocíamos, miré usté por dónde) siempre y cuando no combinemos ambas actividades, no sea que le costemos más dinero al estado del absolutamente necesario. Y ahí es en el fondo a dónde íbamos: nuestro buen padre, el Estado, no se preocupa por nuestra salud, se preocupa por la pasta que a la larga los fumadores le costaremos. Pasta que, grosso modo, sin hacer demasiados números, estamos pagando cada día con cada cajetilla que consumimos en esa moderna forma de latrocinio que son los impuestos indirectos.<br /><br />Dicho lo anterior, me parece bien que se prohíba fumar allá dónde pueda causar una molestia a cualquier no fumador e incluso, en determinados sitios, aunque esa supuesta molestia no esté demasiado clara: lugares de trabajo dónde todos los que comparten espacio son fumadores, bares que ídem de ídem, etc. También es evidente que fumar tabaco no es bueno. En realidad no es que no sea bueno, es que es malo malísimo para la salud. Las probabilidades de terminar padeciendo diferentes formas de cáncer, enfisemas pulmonares, problemas respiratorios y cardíacos de todo tipo y un largo (larguísimo) etcétera, aumentan con cada calada, con cada cigarrillo, con cada paquete y con cada cartón. La lista de aditivos perjudiciales de cualquier mezcla comercial de la sagrada yerba es tan acojonante como interminable. Así que es obvio lo diabólicamente nefasto de su consumo. Por todo eso me he decidido a dejarlo. Ya está bien de subvencionar despachitos de altos, medianos y pequeños cargos. Ya está bien de no poder correr la Maratón. Ya está bien de ser incapaz de subir más de un par de tramos de escaleras sin asfixiarme. Ya está bien de estar comprando papeletas (y décimos y tiras completas) de Loterías La Guadaña. <br /><br />Aunque la verdad, sí lo pienso fríamente, nunca me ha preocupado demasiado el tema de los despachos de nadie (se los van a decorar igual con los impuestos que me quiten en cualquier otra cosa) jamás me ha apetecido correr la Maratón, vivo en un bloque con ascensor y cuando se es jugador empedernido (el tabaco nunca fue mi único vicio) algunos cupones de más o de menos poco importan. Además, qué coño, me gusta fumar. Voy a encenderme un cigarrito, que a estas horas siempre apetece.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-74166976705483284612007-09-14T07:07:00.000Z2007-09-24T11:17:56.211ZCanción<a href="http://farm2.static.flickr.com/1332/1192161001_f63bfacc8b_o.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 280px; CURSOR: hand" alt="Foto de Michael Goesele" src="http://farm2.static.flickr.com/1332/1192161001_f63bfacc8b_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">Me encanta despertarme pronto y bajar a la playa antes de que se llene de gente, justo en esas horas cercanas al amanecer dónde solamente algún pescador despistado y algún corredor de ojos legañosos hollan la arena. Es entonces, y prácticamente solo entonces, cuando el mar, al menos el cantábrico lo hace, canta para mí. Para mí y para cualquiera que sepa o quiera escucharlo.<br /><br />Canta una canción larga, pero no demasiado; se va prolongando en el tiempo, va subiendo y bajando en una dulce letanía de olas y espuma. Es una canción triste pero no demasiado; provoca una cierta melancolía, pero sin llegar a la lágrima. Es una canción a veces violenta y a veces dulce, pero siempre urgente, siempre intensa, modulada en siglos de arte solitario. Tiene un timbre que rola entre el violín y la guitarra, con su ritmo de tambor algo borracho, cansino pero exacto. Armónicos que suben y bajan explicándolo todo, sintiéndolo todo.<br /><br />La canción que cantan las olas es un tango de madrugada, dolor en la oscuridad, sabor añejo y un poco amargo en el fondo de la garganta. Es un vals de media tarde, algunas veces, rítmico y decadente como una copa de oporto. Es un blues en un garito oscuro y lleno de humo, uno de esos que te atenazan por dentro y que no puedes dejar de tararearlos ni después de terminarse. <br /><br />Cuando el agua se arremolina y lame la arena sientes como esas notas se retuercen evocándolo todo, los pies mojados se hunden un poco y el abrazo se hace más íntimo. En cierto modo, solo en cierto modo, se parece al sexo: en cada embate, en cada golpe de mar, en cada ida y venida hay un gemido, una fusión carnal, una caricia compartida. Termina siendo la canción que no acaba, la poesía final; la nota perfecta, la melodía justa.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-68837193759282980282007-08-28T07:07:00.000Z2007-08-28T09:48:41.439ZBici<div><a href="http://farm2.static.flickr.com/1372/1211039984_b4b3ac007d_o.jpg"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand" alt="Foto de Avatar"src="http://farm2.static.flickr.com/1372/1211039984_b4b3ac007d_o.jpg" border="0" /></a><font color="#990000">Hubo un tiempo que algunos recordamos con cariño y otros simplemente no saben que existió, en el que la gente decía que las bicicletas eran para el verano. Hubo un tiempo en el que en cualquier zona de playa podías ver (incluso ser arrollado si no tenías cuidado) a un buen montón de chavales subidos en esa especie de caballo perdedor con ruedas. Fue un tiempo de juventudes compartidas, de adolescencias cooperativas, de comparaciones odiosas y de amigos y de calle y de aventuras estivales. Un tiempo de sentimientos amplificados, de llantos desgarrados y risas de las que dejaban agujetas en la boca. Un tiempo de nucas erizadas casi por nada, un primer beso, una mirada, una frase robada... No fue, seguramente, un tiempo objetivamente mejor, ni siquiera desde dentro, aunque se recuerde con sonrisa torcida y nostalgia en el fondo del alma.<br /><br />Hubo un tiempo en el que ese dudoso medio de transporte era el vehículo de cien mil sensaciones a pesar del incómodo sillín y del chirrido agónico de la cadena. Un tiempo de carreras arriesgadas, de viajes imposibles, de morrazos y golpes y brechas y moratones inconcebibles hoy en día. Un tiempo en el que la inconsciencia era la hermana pequeña de la diversión y no había ni tantos psicólogos infantiles ni niños traumatizados por tener alguna cicatriz de más (al contrario, el número de marcas era importante por lo que tenía de currículo vital). Un tiempo en el que los amigos jurábamos con sangre lo incontestable e infinito de nuestra relación (veinte años sin verlos ni casi recordarlos no me han hecho olvidar aquellos pactos) y te echabas novias de las de pasear de la mano y besar en la mejilla como <em>summun </em>de la más pecaminosa lujuria.<br /><br />Hubo un tiempo en el que por ir a por el pan te jugabas la vida en cada curva de cada imposible carretera, llena de baches y de coches sin airbag. Un tiempo en el que las chucherías se concedían con cartilla de racionamiento y las <em>play station </em>eran cien por cien plástico y sin pilas. No había tantos juegos pero te divertías igual o más. Fue un tiempo bonito aunque duro y los que lo vivimos esperamos poder leer recuerdos de este tiempo dentro de otros tantos años (por parte de los que ahora recorren ese camino tan iniciático, tan de Kerouac en el fondo). Ya sé que siempre se tiene la percepción de que cualquier tiempo pasado fue mejor (los “good old days” aquellos). Ya sé que se magnifica lo relacionado con la infancia y, en general, casi cualquier recuerdo lo bastante lejano en el tiempo. Sé todo eso, sí. Pero es que hubo un tiempo en el que la felicidad absoluta no dependía de dineros ni de clases, no dependía de colores ni de envidias. Se disfrutaba de lo que se tenía, sin mirar a los lados ni hacia atrás, sin pensar en mucho más allá de un momento concreto. Sin dudar tanto, joder.<br /><br />Hoy no es así. Ya no hay bicicletas infantiles ni adolescentes por las calles. Si quieres que te atropellen dos ruedas movidas por tracción animal, únicamente te queda el recurso del deportista imbécil con su casco de diseño o del dominguero feliz. Nada que ver. Por eso quizá los niños ya casi no sonríen. Por eso quizá ha cambiado el tránsito de chaval a adulto: sólo quedan o niños de cuarenta años o adultos de doce. Por eso a lo mejor esa bicicleta estaba ahí. Por eso a lo mejor nadie le hacía demasiado caso.<br /></font> </div>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-20818689.post-4642275131291800592007-08-27T07:07:00.000Z2007-08-28T07:45:12.631ZMaternidad<a href="http://farm2.static.flickr.com/1375/1211039954_914a3d5e0f_o.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 420px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="Foto de Christian Klinger" src="http://farm2.static.flickr.com/1375/1211039954_914a3d5e0f_o.jpg" border="0" /></a><span style="color:#990000;">La maternidad, aunque sea buscada, siempre te pilla por sorpresa. Da igual lo “preparado” que creas que estás o las intenciones que tengas. Siempre es una sorpresa. El estado de estupor dura unos segundos (más o menos, según cada quien) y después llega todo lo demás. La alegría se mezcla con la angustia en proporciones variadas y el nudo en el estómago creo que no depende del sexo del sorprendido. Es obvio que no es igual ser padre que madre, ni siquiera es igual saberse padre que saberse madre, de hecho envidio desde lo más hondo el ser madre. Me parece -desde fuera, cerca pero externo- milagroso, maravilloso prodigio debe ser, el sentir como algo crece dentro de ti, se mueve y provoca aluviones de sentimientos y sensaciones. Creo que hay pocas experiencias únicas, muy pocas, poquísimas, que sean por ellas mismas capaces de cambiarte la vida, de volverla del revés, de hacerte empezar de nuevo tantas cosas. Hay pocas experiencias tan hábiles, tan expeditivas a la hora de dar vuelcos a las cosas, tan diestras como para convertir todo lo anterior en accesorio y lo futuro en continua sorpresa. Evidentemente esa nueva vida capaz de convertir las demás en igualmente nuevas lo hace con ambos progenitores, pero es en la maternidad donde las cicatrices y los cambios son más profundos, los vínculos más estrechos y todo lo que esto conlleva.<br /><br />Hay escépticos, siempre los hay, que podrán razonarlo (de hecho lo harán) como consecuencia la mar de lógica de la cascada hormonal. Todo es química, al fin y al cabo, todo es lo ineludible de la ciencia obstétrica y ginecológica. Todo no es más que una preparación puramente animal y evolutiva para ese fin supremo de la especie, esa necesidad de perpetuarse. Sí, sí, sí y más sí. Lo que quieras. Pero no deja de parecerme increíble la maternidad. Increíble que con todos los millones de cosas que pueden salir mal, casi siempre salga bien. Me dirán que un porcentaje muy alto de las veces que sale mal pasa desapercibido incluso para las madres, un casi siempre bastante relativo por tanto. Y tendrán razón, pero aún así, me parece fantástico cuando todo va bien. <br /><br />No conozco en mis carnes lo que supone esa suerte de parasitismo elegido, no conozco en mí mismo lo que ha de ser notar por dentro una patada, un giro, un movimiento inesperado. No conozco desde dentro lo que se siente al dar a luz, la experiencia del embarazo ni la del parto en sí y aunque sí he tenido la inmensa fortuna de sentir manitas abrazando tus dedos, primeras sonrisas -y primeros abrazos, besos, palabras, pasos, llantos, etc.- y todo lo que puede llegar a ser la paternidad (por lo menos en lo que se refiere a los primeros años), envidio con dolor casi la Maternidad. Porque esa sí debe llevar mayúscula siempre, porque esa sí concierne, sí cuenta, sí es importante. O Importante, realmente.</span>AVATARhttp://www.blogger.com/profile/17513233376850682501noreply@blogger.com